Hace ya un tiempo, un papá del proyecto nos dejó una reflexión. Venía en el momento preciso, ya que la oruga procesionaria había venido a visitarnos al Espacio y ya que nos preguntábamos algunas por la incertidumbre que suponía abrir el proyecto a más familias. 

Esto dio lugar a una hermosa reflexión, que os dejamos tal cual se escribió. ¡Esperamos que os guste!

La procesionaria y los bosques

La procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) es una oruga que se alimenta de las acículas de los pinos y que como plaga va extendiéndose y devorando estas especies arbóreas hasta acabar con bosques enteros. La procesionaria cuando se enfrenta por primera vez con un pinar siempre repite un mismo protocolo que es común a todas las procesionarias en diferentes lugares del planeta. Primero comienza atacando a pinos aislados. Solo cuando acaba con todos los pinos aislados es cuando comienza a mirar hacia el bosque. Su mirada en ese momento está cargada de respeto y cautela, empezará a acercarse primero a los pinos que se encuentran más al borde (allá donde todavía el bosque no es bosque) y poco a poco ira avanzando en él. No saltará repentinamente al interior del pinar, su avance será paulatino y sigiloso como si esté tuviera algo en su interior que la mantuviera a distancia. Será el tiempo y el trabajo de la oruga lo que debilite a la comunidad de arboles y solo cuando esta llegue a ese momento de gran debilidad será cuando la procesionaria decidirá penetrar en su interior.

 

Nada hasta ahora conocemos para explicar razonadamente el miedo de la oruga a la comunidad de pinos, estos no tienen ni manos para aplastarlas ni pies para escapar de ellas. El sentido común nos diría que si fuéramos polillas (las orugas pasan por este estado en su desarrollo)  volaríamos hasta situarnos en el centro del bosque y como si fuera una tarta de María dedicarnos a comer hasta no poder más. Pero la realidad es que la comunidad de arboles por ser comunidad tiene poder de resistencia frente a la oruga, cuanta más sano y fuerte está el bosque más difícil le resulta a la oruga penetrar en él. La fuerza del bosque reside en la conexión de sus miembros, solo una mirada holística permitirá comprender la gran evolución del árbol a convertirse en bosque.

 

El respeto al ritmo interno de nuestr@s hij@s parte de una mirada diferente hacia nosotros mismos como padres y madres, una nueva manera de hacer comunidad con los que decidimos rodearnos y una resistencia decidida a todas aquellas orugas que quieren comernos las hojas. Es en el encuentro y en el crecimiento de nuestra comunidad donde reside nuestra "resilencia", es la capacidad de construir archipiélagos respetuosos lo que permitirá dar pasos sólidos en otra manera de estar en el mundo.

 

Voltereta y los bosques

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